La Catedral Atroz no habla: resuena. Un templo sonoro donde la música es rito, eco y herida. Sin voces, sin dogmas. Solo atmósferas que ascienden, caen y permanecen. Entra, escucha, deja que el sonido te atraviese. Música para mirar hacia dentro, lenta o feroz, siempre viva. Aquí. Ahora.